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Palpitar

     ¿Alguna vez has sentido esa palpitación intensa en el pecho, como si el alma fuera a salirte por la boca, conmovido hasta lo más profundo, todo tu cuerpo tembloroso y ávido de vida? Te despiertas, atado a tu cuerpo como un árbol a la misma tierra, uno pero diferente, y observas las paredes, el techo distante, la penumbra del que olvida incluso su nombre. Te levantas a duras penas de tu confortable excusa…y paseas. Te mueves por la casa sin rumbo, inquieto, los sentidos pegados al paladar, los ojos secos, la Pena tan dentro, tan tuya, que no deja sitio a la Imaginación. Tu cuerpo tiembla, tu mandíbula lucha por gritar todo aquello que en su momento le fue vetado, y lloras, sin más, lloras porque sí, por lo diferente que es todo, porque sabes que no es esto lo que querías, porque te has dejado llevar por quien no debías, les hiciste caso, no luchaste lo bastante. Toda tu vida diciéndote que a ti no te va a pasar, y finalmente eres una Sombra más. Pero…no. Una sombra ...

Cuestión de Fe

     ¿En qué se convierte uno cuando pierde la Fe? La Fe en un proyecto claro, en una persona por la que sientes una atracción sexual, en una vida compartida con esa persona, en uno mismo, en la Humanidad, en Dios. ¿Deja de ser Humano? ¿Deja de elegir? ¿No está eligiendo acaso no decidir nada en absoluto?     Las manos de herrumbre, el corazón de cristal, la lluvia duele y las nubes son un recuerdo vago e inútil. ¿Recuerdas cuando empezó? ¿Cuándo perdiste tu pasión? La rutina, dejarse llevar, contentarse con poco. ¿Te hace feliz? Vacaciones, ocio, la trampa sin queso. Sabes lo que estás haciendo, hacia donde te diriges: lo ves a diario en eso que algunos llaman hogar y otros purgatorio infinito; lo ves en la cara agotada de la gente, mascando chicle pulsando teclas pasando páginas haciendocomoque. Esperamos una respuesta, esperamos que lleguen…Ellos. OVNIS, Cristos, la próxima liga. Un eterno esperar de gente que ya no espera nada de la vida. El próximo s...

Belleza perdida [trasfondo para ejército de Warhammer]

     Los ojos de Nemrac se perdían entre las sombras de la tenebrosa estancia. Las telarañas y el polvo cubrían el escaso mobiliario de la habitación que desde hacía tiempo era su hogar, si a aquellas ruinas en medio de un bosque perdido se les podía llamar de tal manera. Un fuego inusitado brillaba en su mirada; las noticias de Odracir, el nigromante al que ella había seducido y convertido en esclavo años atrás, acerca de una muchacha que rondaba por las inmediaciones de las ruinas, la había perturbado. Y hacía demasiado tiempo que nada la emocionaba: la irrevocable vacuidad en su alma corrompida era cada vez mayor.      Empezó a sumirse en un extraño sueño, a dejarse llevar por la amarga presencia de los Recuerdos. La osadía de aquella intrusa le recordaba a ella misma cuando era joven y hermosa, cuando era humana y decidió enfrentarse a la Muerte adentrándose, a solas con su valentía, en las profundidades del Pináculo de Plata. Parecía estar viviendo de ...

Orión creía en las hadas.

     Orión creía en las Hadas. Jugaba con el Poder y trazaba líneas de luz en el aire. Soñaba con la Suerte y dormía. Al día siguiente aún veía dragones tras la puerta y contenía al aliento ante las farolas rotas. Su mundo era Su Mundo y, cuando volvía a casa, veía a sus padres retozar en la desesperanza y huía, lloraba y rezaba a las Estrellas. No era nada romántico, desde luego, ni ahora lo es. No era locura, aunque un escalofrío le recorría la espalda cuando cruzaba algunas puertas. Siempre creyó que no había vuelta atrás, que ya nada podía hacer por encontrar cierta armonía en su cosmos dividido. Sabía que tendría que elegir. Pero ahora...ahora duerme bajo las sábanas, con los ojos cosidos y las manos muertas, el estómago envuelto en humo y desidia. A veces da breves paseos por un parque asesino y piensa en cómo debería sentirse, en si es lícito emocionarse ante la belleza de un estanque verde plagado de mosquitos. Ya no habla con los árboles, ni da de comer a sus cua...

Ángeles oscuros (en busca del pasado), [prólogo para PJ de AD&D 3.5]

- Acércate, Taarik, hijo mío – te susurra tu madre desde su lecho de muerte -. He de contarte toda la verdad antes de que sea demasiado tardes para ambos.      Intentas reprimir el profundo sentimiento de tristeza que te domina, pero al fin no resistes más y rompes a llorar abrazado a ella. Empieza a acariciar tu largo y enmarañado pelo hasta que te calmas y miras a sus profundos ojos azules. - Durante todos estos años te he estado ocultando parte de la historia, porque eres una persona muy inexperta e impulsiva. Temía que te marcharas. - Madre, yo… - empiezas a disculparte, pero ella te pone el dedo índice en los labios, mientras niega con la cabeza. - Lo sé, lo sé. Pero ahora debes escuchar, me queda poco tiempo y...- de repente, una sofocada tos empieza a ahogarla con fuerza. Las puertas se abren de par en par, dejando pasar una fresca brisa que apaga las velas. Te apresuras a encenderlas de nuevo y vuelves a sentarte, con expresión impaciente, a su lado. T...

El bosque

…resbala sobre una noche despreocupada. Se precipita hacia el punto incoloro sin rostro, sin el sabor de su propio aliento… …Se alzaron sus débiles muros de carne y tras ellos las estrellas buscaron su reflejo. Nada. Sólo figuras amables pero vacías, con voz pero sin ella. Nada.      Retoza entre la hierba, se deja llevar por los juegos bajo la atenta mirada de las Sombras. Y entre sonidos y luces y colores encontró su cuerpo. Pelaje verdoso, hocico inquisidor, ojos de oso, alma de poeta.      Comenzó a andar sobre las plantas de sus rollizas patas. Agujas de oro puro escaparon de su esponja yerma y se clavaron en las Sombras. Pero eran inmunes a su veneno inocente.      Sólo el ruido de la oscuridad monocroma. Él se tambalea sobre un alambre invisible, buscando la orilla de sí mismo. Sus pupilas se acostumbran a las Sombras, penetran violentamente en su verdad. Ya no son Sombras, sino Árboles de piedra. Cientos, miles...

La inmutable contradicción (trasfondo de un personaje de Changeling: El ensueño)

     Se despertó sobresaltado. Un sudor frío le resbalaba por la frente y sus manos sudorosas buscaron a tientas el interruptor de su vieja lámpara. La luz le cegó fugazmente y sus pupilas se contrajeron con violencia, mientras Juan intentaba, en vano, recordar la terrible pesadilla que se había apoderado de su Mente mientras dormía. Permaneció tumbado, boca arriba, fijando su mirada en el vacío del techo. Poco a poco su respiración volvió al ritmo habitual y Juan pensó inmediatamente en lo mucho que le costaría levantarse de la cama. ¿Qué hora era? El radio-despertador en forma de oso marcaba las cinco de la mañana; ya no valía la pena intentar dormirse de nuevo.      S e frotó la cara con las manos, suspiró con fuerza y apartó las sábanas. El frío le invadió como un punzón afilado y corrió hacia la ducha. ¿Dónde había dejado el albornoz? “Albornoz” venía del árabe, pensó, y recordó que esa tarde tenía clase con Hamed. Se movió lentamente hacia el baño....