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Ser y estar

      Últimamente me he dado cuenta de que cada vez tenemos más prejuicios. Y no me refiero a los "clásicos" prejuicios, sino a la actitud en sí, a prejuzgar. Nos relacionamos más mediante Facebook y Whatsapp y menos de tú a tú, y eso nos lleva a la opinión inmediata, a la presuposición, a una apariencia de profundidad. Y eso no ocurre sólo con la gente desconocida: a veces son los amigos a los que uno menos tiempo les dedica, porque da por hecho que están ahí y seguirán estando.       La gente cambia, las vivencias le cambian a uno y uno también toma decisiones que cambian su vida. Y no siempre se comparten, cada vez menos. Resulta muy frustrante dedicar tu vida a buscar la verdad y la felicidad (la de uno, la que a uno le hace feliz), sentir que luchas día tras día por mantener las ilusiones, por no sucumbir al tedio y a la resignación, por ser tú mismo en un sentido trascendente, y que haya gente que se empeñe en mantenerte encadenado al Yo q...

Pánico en libertad

     Sentí pánico.       No era un miedo intenso, no: éste puede controlarse. Pero el pánico te controla a ti, pierdes tu libertad, te conviertes en un títere, un ser insignificante encerrado en un cubo de cristal insonorizado. Te arde el corazón, te cosquillean las manos, se te nubla la vista y lo percibes todo a tu alrededor como en un sueño: intangible, contingente, despedazado. Tus sentidos se derraman hacia el interior, hacia lo profundo, y notas cada gota de sangre golpeando tus arterias, como una estampida. Tu garganta se cierra, para que no grites, todo tú una bomba nuclear, contenido, esclavizado, irreal.       ¿Que qué es sentirse libre? Saber con absoluto convencimiento que no hay nada ni nadie que pueda controlar tus decisiones o tus actos. Que no haya nadie sobre ti, con poder suficiente para manejar los hilos. Que abrazas la responsabilidad absoluta: todas y cada una de tus acciones las decides tú, por tu propia volunt...

El parque

          Llovía. Eso podía afirmarlo con rotundidad, con tanta seguridad como le permitía su atrofiada capacidad de razonar. Llovía mucho . Eso le llenaba de orgullo, porque sabía que llovía porque él estaba allí, sentado en aquel banco salido de un cuadro de algún pintor parisino con sombrero de copa. Él podía controlar el tiempo; si él quería, podía hacer que lloviera, que nevara, que cayeran rayos y relámpagos y truenos sin compasión sobre los pobres mortales del planeta Tierra. Él era DIOS. ¡Vaya si lo era! La gente, tarde o temprano, se daría cuenta de esa inevitable situación, y se alegraría de tenerle a ÉL como Dios, y no a cualquier otro pardillo mediocre sin cerebro ni agallas que se compra la misma televisión que el vecino.     Helder pensaba en todo esto cuando se dio cuenta de que las letras del periódico ya eran ilegibles. La lluvia era cada vez más fuerte, y era implacable: nada ni nadie que estuviera debajo podría sa...

La debilidad que me hace ser fuerte

     Pues sí, me apetece quejarme. Resulta que llevo un mes sintiéndome agotado, estresado, taciturno, ansioso, y un poco hasta las pelotas. Esto último precisamente porque pocas veces en mi vida me he quejado de nada y últimamente, que he sentido la necesidad de hacerlo, porque no podía más, porque realmente necesitaba expresarlo y apoyo y palabras de ánimo, he recibido, en recompensa, más prejuicios y palabras condescendientes que nunca.       Por hacer un resumen hiper-breve, un micro-relato de mi vida, he tenido que cuidar de mí mismo y buscar mi propio camino desde que tengo uso de razón: trabajar desde los dieciocho muchas veces en condiciones de explotación para poder salir de un entorno familiar tóxico, violento y nocivo, mientras cada año, cada puto año, he intentado seguir teniendo la ilusión y la motivación para estudiar y hacer todo aquello por lo que siento pasión; me fui de casa a los veinte (demasiado tarde para mi gusto y para mi salu...

Falsa catarsis

          El dolor que se siente al mirar por la ventana y ver que el mundo está ahí, pero tú estás ausente, pensando en Él, sintiendo un dolor tan profundo y desbordante que nada podría hacerte sonreír en ese momento. Intentar pensar en algo positivo, en alguna idea necesaria, una rutina eficiente, y que sólo sientas ganas de llorar. Repasar en un microsegundo todas aquellas razones para seguir siendo feliz que tanto abundan en los libros de auto-ayuda, y tener sólo ganas de vomitar por el vértigo. Saber que no tienes motivos para arrastrar los pies, y aún así dejarte caer con la esperanza de que alguien te recoja. Sabes que hay un sentido, te sabes la lección de memoria, has vivido experiencias que te han dejado mutilado y has seguido adelante. Seguir atrás es imposible. Conocer los motivos, conocerte a ti mismo, y aún así tener ganas de mandar a la mierda a la Filosofía. Tener la imaginación congelada, los dedos agarrotados de tanta madurez, de tanta re...

Soñar de raíz

     Y cómo saber hacia dónde ir, cuando tu propio padre desea tu fracaso...cómo sentir alegría, cuando tu hermano, que en tu mente sigue riendo y jugando, te amenaza y ves el odio en sus ojos...qué se supone que tengo que hacer, cuando todo lo que he hecho sólo ha servido para estar cada vez más solo, rodeado de mentiras, los ojos marchitos de tanto llorar...Si cada vez que tengo una chispa de Fe, un esfuerzo sobrehumano de mí mismo intentando escapar de la prisión que soy Yo, siempre hay alguien, siempre, que me recuerda que es mejor abandonar...Yo sentía amor, amor en mayúsculas, amor que bastaría para curar un mundo entero de desdicha...un amor del que se han reído, que han insultado, que han destruido. Os quejáis de vuestras desgracias, pero no habéis visto a vuestra propia madre llorando de pena mirando unas fotos, ni habéis vivido el doloroso, interminable sufrimiento de darse cuenta cuando algo es irreparable. Me siento arrojado al mundo, como un vómito bienintenc...

Presión

     La presión aumenta. Es el ruido de miles de conciencias prisioneras de una entelequia. La marea de almas que lucha por su cordura, aunque incluso sanos seguiría imbatida la enfermedad.       Hoy golpeé sin querer a alguien. La atropellé. Le pedí disculpas y busqué sus ojos. No levantó la mirada. No dijo ni una palabra. Me asusté. Paranoia o no, el mundo humano es hostil. No veo felicidad en los rostros y, maldita sea, sé que existe la gente feliz. ¿Me he vuelto tan cínico que hasta las muestras de alegría me parecen fingidas? Yo he sido feliz, y me explico. He sentido ganas de vivir. Levantarme cada día era una nueva oportunidad de aprender, amar, luchar. Pero ahora sólo sueño, a veces ni eso. Hasta la tarea más cotidiana se me antoja difícil de abordar. Sin duda estoy deprimido, pero porque sé que he derrochado mis últimos años de vida. Toda mi energía, mi ilusión, mi impulso vital, lo he utilizado en el proyecto y en las personas equivocadas. Y...